P r i n c i p a l T e x t o s G a l e r i a I n f o r m a c i ó n
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PREFACIO DE C.H.

Aparecido en EL HILO DE PENÉLOPE, TOMO I

Pues lo que por naturaleza se hace
Por criatura no se hace
Señora, por vos tanto he sabido
Y de vuestros secretos, percibido
Que el Arte de Alquymia es valedero
Y ciencia muy verdadera.

Perréal (1)

 

Quizá haya quienes se asombren al leer el sumario de este libro, donde se avecinan los Cuentos de Perrault y la Odisea, la Cábala judaica y la Eneida, los Tarots y la Alquimia; no obstante, la diversidad de temas no significa necesariamente dispersión.

Desde los orígenes, los Maestros de la gran familia de la Gnosis del Hombre se han ido transmitiendo, revelándola a la humanidad exiliada, el idéntico mensaje profético de Hermes. Estos maestros de la Palabra lo han expresado distintamente, cada uno a su manera; pero no debemos engañarnos: sólo nos dicen a qué se parece la cosa, según la fórmula habitual de los rabinos cabalistas, pues «...las palabras dicen la cosa, pero la cosa no es dicha por las palabras» (2). Sólo hablan aludiendo.

Los maestros de la Alquymia no han hablado de otra manera, cuando nos dicen «Coge esto o aquello». Abstengámonos de caer en su trampa, pues siempre es a qué se parece la cosa y recordemos que son «envidiosos» en el sentido «que guardan celosamente su secreto, manteniéndolo oculto, pues todas sus recetas son comúnmente lo que se denomina grano para los necios» dice Pernety en su diccionario (3).

«Erase una vez una reina que dio a luz un hijo tan feo y contrahecho... » (4): «El tema de toda revelación es la gnosis del oro físico, este sol terrestre objeto de todos nuestros deseos.» (5)

A nosotros nos corresponde pues volver a encontrar la huella auténtica, guiados por el perfume de la Rosa quymica. La Tradición única no decepciona a sus amantes estudiosos.

Tal ha sido la paciente búsqueda del Barón d’Hooghvorst, sabio erudito de las Letras Antiguas, al escudriñar las palabras de las Escrituras Santas y Sabias cuales estuches sellados. ¿Acaso ha vuelto a encontrar su llave mágica que desvela el secreto del Hombre sepultado? Pues bien se trata del misterio de la Naturaleza y del Hombre concretamente, y no de una erudición exterior y especulativa.

En esta escuela de Hermes es donde nacen los poetas. ¿No se dice que este dios los dotó de la cítara de siete cuerdas?

Dejemos a Emmanuel d’Hooghvorst el esmero de decirnos palabras finas en el sentido grávido, y leamos, al perfume de las palabras, el amor del poeta:

«Una bella ha caído, entrampada en gramática de amor. Es la escuela del bello lenguaje tan cara a Virgilio y a Dante (6). Este palacio, es la corte de amor cortés donde, a partir de ahora, nuestra bella "dirá cosas sensatas e infinitamente ingeniosas..." ¡Qué trampa estar ligada en sal de sapiencia! (7)».

«¡Oh cocer el viento en una palabra!

¡Oh VIVE! ¡Texto de Oro! ¡Sexo puro!

¡Rostro de Arte! ¡Quymica grávida!

¡Miel cocida! ¡Eón en sal!

¡Sendero de luz!

¡Sudorosa Escuela!

¡Sangre púrpura que fluye en fusión metálica!» (8)

Los lectores habituales de «Le Fil d’Ariane» y de «La Tourbe des Philosophes» ya habrán reconocido en estos sabios comentarios, el pensamiento conciso y centrado de un verdadero cabalista que Lo ve todo en Todo.

Le debemos haber tenido buen olfato en reconocer la autenticidad del Mensaje profético de Louis Cattiaux, todavía inacabado en 1949 y cuya primera edición parcial había sido publicada en 1946 en medio de la indiferencia general del público de habla francesa (9).

El Mensaje Reencontrado, es ciertamente El Mensaje de los Hijos de Hermes Reencontrado. «¡Oh, qué mensaje reencontrado para leer aquí, en nuestra escuela! (10)».

Louis Cattiaux se marchó discretamente en 1953, ignorado por sus contemporáneos, pero nos ha dejado su prodigiosa herencia. Los escritos de Emmanuel d’Hooghvorst, que ofrecemos para la meditación de los enamorados de la Santa Palabra, son su comentario iluminado.

«Entonces, ¿quién encenderá su linterna con el espíritu del sol para ir al encuentro del Hombre?» (11)

¿No buscaba Diógenes a un hombre con la luz de su linterna?

 

Adopta sutileza
Entiende bien mi libro y fíate de él:
De lo contrario, tendrás pobreza,
Deja todo; coge filosofía.

Perréal

 

 

________________

(1) J. Perréal, Les Remontrances de Nature à l’Alchymiste errant et la Réponse de l’Alchymiste à Nature, s.l., 1516. Ver J. van Lennep, Alchimie, ed. Crédit Communal, Bruselas, 1984, p. 95.

(2) L. Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, ed. Sirio, Málaga, 1987, XXXVIII, 59’.

(3) A.J. Pernety, Dictionnaire Mytho-Hermétique, de. Archè, Milan, 1980, p.137.

(4) Ver infra «Riquete del Copete».

(5) Ver infra «El Hilo de Penélope III».

(6) Ver al respecto, Dante, La Divina Comedia, Infierno I, 79 a 87.

(7) Ver infra «Riquete del Copete».

(8) Ver infra «El Hilo de Penélope VI».

(9) En aquellos tiempos, las excepciones podían contarse con los dedos de la mano; citemos por ejemplo a René Guénon y Lanza del Vasto.

(10) EH, «A modo de Introducción a la segunda edición» in L. Cattiaux, op.cit.

(11) Ver infra «El Hilo de Penélope».