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CAPÍTULO XXX. «SUGESTIÓN»
De la FÍSICA Y METAFÍSICA DE LA PINTURA

El artista, el creyente, es el que se eleva hasta la belleza aterradora de la creación.

El Mensaje Reencontrado

El libro más bello, el cuadro más afortunado, la obra más profunda, no son los que afirman, sino más bien los que sugieren. En efecto, es imposible comunicar un sentimiento de arte si no es por la sugestión, que permite un trabajo de reconstitución personal y duradero.

La afirmación pura y simple corre el riesgo de seguir siendo extraña e incluso de provocar un rechazo definitivo.

Así pues, el principal misterio del arte reside en la inducción del mensaje universal de la vida. No se experimenta nunca ese sentimiento por medio de la demostración aparente, es tocando la raíz profunda común a todos los humanos como se puede llegar fácilmente a cada ser en particular.

Sólo el amor, el genio y la santidad saben acercarse a la madre universal, y es la iluminación lo que les hace reposar en ella.

El erotismo, que fue una fuente de creación excepcional en el arte oriental, por desgracia ha sido despiadadamente rechazado por la moral cristiana.

La obra erótica sabe conservar la parte espiritual indispensable en toda verdadera creación. El hecho de haberla despreciado y prohibido simplemente ha provocado la aparición de las tan tristes y bestiales obras pornográficas.

En la literatura de hoy en día abunda este tipo de producciones salidas del rechazo del erotismo humano.

Donde el erotismo sugiere, la pornografía expone; el primero siempre va acompañado de cierto humor lleno de delicadeza, el segundo sólo aparece cubierto de inmundicias. Deseamos ver que se levante esa prohibición que, en nombre de una moral violentada por todos, relega como algo vergonzoso la expresión más dinámica del arte.

No obstante, queremos insistir sobre el punto de que el arte erótico sólo puede ser bellamente abordado por artistas espirituales y llenos de talento, a fin de que en lugar de degenerar hasta la grosería, se sublime poco a poco hasta la expresión mística, reuniéndose así el Eros terrestre con el Eros celeste, fuente ideal de la inspiración creadora.

La mujer terrestre, que representa la trampa erótica por excelencia, y la mujer celeste, imagen de la liberación del hombre, ambas practican el arte de la sugestión. El artista no debería hacer menos.