P r i n c i p a l T e x t o s G a l e r i a I n f o r m a c i ó n
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PRESENTACIÓN AL LECTOR DE J. M. D'ANSEMBOURG Y C. FROIDEBISE

Estoy acabando un libro sobre la pintura que tal vez te interese, ya que intento analizar el mecanismo de la inspiración y,
sobre todo, la manera de permanecer en estado de gracia, que es el gran secreto de los verdaderos artistas.

Louis Cattiaux

 

Los artistas son, sin duda, los más nobles y útiles de los hombres. ¿Qué sería de nosotros en esta sociedad materialista a ultranza si la grisalla cotidiana no se iluminase con los tornasolados colores de los arcos iris?

Louis Cattiaux nació en Valenciennes el 17 de agosto de 1904. En el año 1932 se casa con Henriette Péré, con quien funda la efímera galería de arte moderno "Gravitations", nombre sacado de un libro de poemas de Jules Supervielle. Se hallaba en el número 3 de la calle Casimir Périer, donde la pareja se instalaría definitivamente.

En 1934 firma el manifiesto del transhylismo junto a pintores como Jean Lafon, Pierre Ino y Jean Marembert, y poetas como Jules Supervielle y Louis de Gonzague Frick. «Bajo el término transhylismo se afirma el deseo de ir más allá de las realidades -o de las apariencias- de la materia, de llegar hasta la verdad que ocultan y traducen, interceptan y significan. Su actitud no andaba lejos del surrealismo... Se sitúa en la misma perspectiva de un arte-poesía, de un arte-magia, de un arte-búsqueda de un absoluto».(1)

En 1935 abandona la pintura a espátula e, interesado por la técnica pictórica, consulta a Raoul Dufy a propósito de los materiales perfeccionados por Jacques Maroger. Debido a sus investigaciones, su pintura estará en constante evolución. Si bien empieza empleando una materia lisa y llana, llega a utilizar un material de aspecto vitrificado y transparente que todos los críticos comparan con el esmalte.

Sin embargo, ninguna tela de Louis Cattiaux ha sido barnizada. Él mismo preparaba los colores siguiendo una técnica adquirida por el estudio de los maestros del siglo XV, entre los que se encuentran los hermanos Van Eyck.

En 1938 empieza a escribir su obra mayor: El Mensaje Reencontrado. Este libro profético es el resultado de toda su búsqueda. Sin su lectura, o más bien, sin su meditación, es imposible acercarse a su obra pictórica o a sus demás escritos. De todos sus trabajos se desprende una unidad profunda. Así, la magia de las formas y colores de sus cuadros nos atrae e invita a contemplarnos en esos espejos de sutil lenguaje, así como el peso de sus palabras nos imanta misteriosamente y despierta en nosotros antiguos recuerdos.

Apasionado por la filosofía hermética, esta corriente marcará profundamente su pintura. Se relaciona, sobre todo, con Lanza del Vasto y con James Chauvet.

La edición de los doce primeros libros de El Mensaje Reencontrado aparece en 1946 y es acogida favorablemente por René Guénon, con quien Cattiaux mantendrá relación por correspondencia. Es en esa época cuando empieza a redactar su Física y metafísica de la pintura.

Los últimos años los pasó cada vez más absorto en su búsqueda del Absoluto y en su sed de divina Contemplación. Murió en París el 16 de julio de 1953.

El título elegido expresa con claridad la esencia de esta obra, en la que se encuentran tanto capítulos consagrados a los procedimientos de la pintura como otros que tratan de la vocación del artista. Además, cada tema se desarrolla según esa doble perspectiva, ya que, como él mismo dice, «el arte es como la unión entre la paciencia y la fantasía, la imprudencia y el gusto, la improvisación y el orden, de lo invisible con lo cotidiano, del espíritu con el peso del color». La confluencia, poco habitual, entre la técnica dominada a la perfección y la inspiración más elevada es lo que hace al verdadero artista.

De singular temperamento, dotado de un humor extraordinario, filósofo nutrido por las fuentes de las santas Escrituras y de la Tradición viva, Cattiaux fue sin duda un puro Artista. Cuando escribe: «Hay que trabajar mucho tiempo sobre una misma obra, pero sin esfuerzo y sin aburrirse, en suma, sin trabajo», dicho anhelo expresa su propio comportamiento. Cuando describe «el abandono que sólo fructifica después de mucha disciplina, de una ascesis fecunda», o señala con el dedo «la vía real que conduce a la identificación con lo infinito del ser», no son, ciertamente, las palabras de un especulativo.

Sólo los que están Vivos pueden hablar, sin hacer el ridículo, del despertar del ser interior y del acto creador, pues la obra de Louis Cattiaux rebosa de vida. Creemos que en muy pocas ocasiones el tema de la experimentación artística, e incluso mágica, ha sido abordado con tanta profundidad, simplicidad y claridad, en una palabra, con tanto acierto.

Que esta edición pueda abrir los ojos de nuestros contemporáneos sobre la obra extraordinaria de un Artista visitado por la Musa y, por lo tanto, tradicionalmente religado.

En ella se esconde una vía de salvación en esta ruda y agonizante edad de hierro.

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1. Catalogue de l’exposition Louis Cattiaux au musée des Beaux-Arts de Valenciennes, Imp. Dehon, Valenciennes,1963.