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La NOCHEBUENA

EN LA TRADICION POPULAR CATALANA

Raimon Arola

En nuestra época las tradiciones antiguas se escapan de entre nuestras manos como agua que quisiéramos retener. Cuando la realidad se esfuma en el pernicioso olvido es necesaria la literatura: recoger testimonialmente lo que inevitablemente desaparece. De los trabajos de recopilación de la tradición popular catalana, destaca el realizado por J. Amades, que culmina en su famoso Costumari Català (1).

Esta obra es un tesoro que contiene innumerables joyas de nuestra tradición. En cada una de nuestras costumbres brilla, bajo el polvo acumulado por el tiempo, la sabiduría de la tierra y del cielo. Nos proponemos en este artículo desempolvar someramente alguna joya, para vislumbrar el alcance del tesoro.

Para nuestro estudio hemos escogido un momento muy especial del año, la vigilia de Navidad, la Nochebuena, la noche santa en la que el Señor se manifiesta. La noche que, justamente, es el secreto del Señor.

La fiesta de los antepasados

Una tradición que proviene de los antiguos misterios medievales se conserva todavía en España; consiste en una representación del nacimiento de Jesús hecha con figuritas de barro como personajes, musgo en vez campos verdes, casas y puentes de corcho, y harina para simular la nieve. Se inauguraba en Nochebuena. En castellano esta figuración en miniatura ha tomado el nombre de la ciudad en donde ocurrió, es decir, Belén. En catalán se llama pessebre -pesebre-, indicándonos el centro de la representación, el lugar donde está acostado el Niño-Dios.

La palabra pessebre viene del latín: praesepe, que a su vez viene de saepio: ‘cercar’, ‘rodear de un vallado’, ‘amurallar’, ‘encerrar’, ‘guardar’. A partir de esta definición de límite, de algo cerrado, podemos entender que el pesebre no es otra cosa que una madera hueca, un recipiente preparado para albergar en su interior al Niño-Dios.

Leemos en Lucas II, 7: «...y le acostó en un pesebre». La palabra para designar pesebre es en griego: patne, de ella proviene la palabra ‘patena’, es decir, el plato de metal en el cual se deposita la hostia durante la celebración litúrgica. Es la imagen del «lugar» en donde se corporifica el espíritu.

El espíritu divino se halla en la madera, que como sabemos en griego significa lo mismo que materia, hyle. El árbol hueco, el pesebre, contiene al Hijo que es la luz. Leemos en el Evangelio según Tomás: «Jesús ha dicho: Yo soy la luz que está sobre todos ellos. Yo soy el Todo: El Todo ha salido de mí, y el Todo ha llegado. Hendid la madera: yo estoy allí; levantad la piedra, y me encontrareis allí».(2)

Otra tradición catalana que tiene mucho que ver con el simbolismo oculto del pesebre es la costumbre del caga tió(3). Después de la cena de Nochebuena y antes de ir a la misa del Gallo, en las casas donde había niños se solía hacer cagar el tió, esta ceremonia estaba muy enraizada y formaba parte de la liturgia popular de esta noche. Los niños armados con palos, después de varias oraciones, golpeaban con todas sus fuerza sobre un tocón hueco, y ante semejante paliza, el tocón «evacuaba» dulces y regalos para las fiestas de Navidad. El tió, como el pesebre, e incluso como el árbol de Navidad de los países nórdicos, es un recipiente que contiene un tesoro, la luz.

J. Amades se extiende sobre la costumbre del tió y recoge documentos que pueden ser interesantes; veamos algunos de ellos:

- «Se hacía, por poco que fuera posible, en la cocina, al lado del fuego»(4).

- «En algunos lugares de montaña se hace actuar el tió cuando está quemándose, de manera que la cabeza del tronco está encendido dentro del hogar [llar], mientras que el tronco o base cae en la parte exterior del hogar [es sobre esta parte que se golpea]».(5).

-«Era costumbre poner a su vera [del tió] brasas de fuego dentro de un plato de cenizas. Generalmente el tió se guardaba en la cocina o en el hogar y al lado de los fogones o del fuego. Cuando no era así, era llevado a este lugar con cierta solemnidad. El más viejo de la familia presidía y dirigía la ceremonia con gravedad».(6)

-«En el Bergadá había sido costumbre, durante toda la vigilia [de Navidad, cuando se encendía el tió] quemar en el hogar buenas ramas de boj, para que estallasen y centelleasen, se creía que las almas de los antepasados de la familia venían para calentarse [...] en el Alt Empordà, el tió, una vez golpeado se tiraba en el hogar y se quemaba [...] La creencia de que las chispas eran almas y el hecho de comer castañas delante del fuego pueden recordar ritos y creencias relacionadas con el culto a los difuntos».(7)

-«Para que la evacuación [del tió] fuera más abundante, antes de empezar a golpearlo, el jefe de la casa lo rociaba con un poco de vino blanco, como si lo bautizara [...] En el Vallès los niños no empezaban a golpear el tió hasta que el abuelo o el jefe de la casa hacia como si lo bendijese y daba, así, la señal para empezar la ceremonia».(8)

Como podemos comprobar en estos fragmentos existe una relación muy estrecha entre Navidad, el hogar, y el tió; ejemplo de ello lo encontramos en este refrán:

Bona casa i bona brassa,

bona brassa i bon tió

i bon Nadal que Déu us dó(9)

A modo de resumen de todo ello escribe el gran folklorista catalan, relacionando la fiesta de Navidad, que se celebra junto al hogar, con el culto a los antepasados:

«La fiesta de Navidad, francamente íntima, hecha al abrigo y calor del fuego del hogar, a parte de otros simbolismos que pueda tener, parece incluir el sentido de comunión sagrada familiar entre los presentes y los antepasados, hospedados y residentes en el fuego, desarrollándose, en su mayor parte, delante del hogar, el cual constituye el altar del culto a los antepasados y de la religión popular. Por ello preciosamente es el jefe de la casa el que saluda y dirige la ceremonia del caga tió [...] y lo bendice al entrar en la casa, y lo riega. La creencia de que los espíritus de los familiares permanecen en el fuego del hogar es común a muchos pueblos de la antigua Europa, y la quema del tronco viene a constituir un sacrificio en su honor. Y el tió, el cual hasta cierto punto encierra el sentido del abuelo, prodiga los dulces típicos de la comida que consagra la comunión familiar entre los que fueron y los que son, y los da precisamente a los pequeños, que representan la continuidad de la familia».(10).

Como acabamos de ver en las citas del Costumari, la tradición catalana del tió está íntimamente ligada al fuego del hogar. El hogar en catalán se llama llar, y significa, igual que en castellano, tanto el lugar donde se hace el fuego en la casa, como la casa misma donde cada uno habita con los suyos.

Es muy interesante que en catalán se haya mantenido la palabra latina lar para designar el fuego y el hogar. Para los romanos, siguiendo la tradición etrusca, los Lares eran divinidades protectoras, las almas de los antepasados difuntos; el Lar familiaris, el Lar de la familia, era el dios del hogar, del fuego de la casa, objeto de culto en la familia y generalmente tenía su pequeña capilla en una arca encima del hogar. De hecho los Lares eran considerados como las almas de los muertos, encargados de proteger la casa. Por analogía eran el mismo hogar, y es este sentido que se ha conservado en la lengua catalana. Los Lares son dioses de la gentilidad. Eran honrados en el lugar de la casa, adonde se encendía el fuego.

Apuleyo(11) explica que los Lares no eran otra cosa que las almas de los justos y de los que habían cumplido completamente los deberes de la vida. Al contrario, los que habían vivido mal erraban vagabundos y espantaban a los hombres(12).

Para el autor dEl Mensaje Reencontrado el culto a los antepasados debería ser recuperado, tal como escribe en un versículo: «Recordemos que el culto de los santos antepasados completa el culto de Dios, que es el Viviente de eternidad». «Adoremos el sol de vida y no despreciemos las cenizas de los antepasados»(13).

Dios es la suma de todos nuestros antepasados, pues si nos remontamos al primero llegamos a Dios, padre de Adán, por eso somos hijos de Dios. Está escrito en otro versículo dEl Mensaje Reencontrado: «Nuestras alegrías y nuestros dolores no interesan al mundo, ofrezcámoslas al que acoge amorosamente a sus niños, porque él es la suma de todos los antepasados»(14)

Ante tales explicaciones quizá no sea aventurado afirmar que la ciencia escondida en el culto a los antepasados, sea la que nos enseña la presencia de Dios en el hombre.

La fiesta de Navidad se celebra durante el solsticio de invierno, cuando el sol empieza a imponerse a la oscuridad. Los romanos llamaban a esta fiesta la del Sol Invictus, el Sol victorioso. Justamente en el momento de este renacimiento solar, se celebra también la gran fiesta familiar del año, es decir, la fiesta en honor a los antepasados.

En las cenizas de los antepasados se halla oculto el secreto del sol interior, una sal preciosísima que será el germen de la resurrección. Cuando el sol «renace» durante este solsticio, la parte divina enterrada en el hombre(15), el sol terrestre, también debería renacer. Según los alquimistas en el interior de la sal se encuentra el fuego que debemos conocer, así en nuestro interior se encuentra el antepasado que debe despertar e iluminarnos.

La tradición popular conoce la importancia iniciática de los solsticios: el solsticio de invierno ligado con Navidad, y el de verano relacionado con san Juan, la puerta de los dioses y la puerta de los hombres.(16) Así para que pueda crecer Jesús en Navidad, la parte divina del hombre, es necesario que Juan Bautista decrezca en el inicio del verano, tal como él mismo dice en el Evangelio: «A él conviene crecer, más a mi menguar».(17) A partir de aquí podemos comprender el sentido profundo del refrán que dice: «D’olives, una per sant Joan i cent per Nadal»(18) San Juan es quien bautiza y por lo tanto inicia a Jesucristo, él da una bendición para que se despierte el Dios interior, y entonces, éste, da cien bendiciones.(19)

Otro refrán explica que: «Qui es vol fer ric per sant Joan, el pengen per Nadal»(20). Esto parece indicar igualmente que por san Juan el hombre carnal, vestido con pieles como dice el Evangelio, debe empobrecerse, para que sea Jesucristo, por Navidad, quien se enriquezca. Si, como dice el refrán, alguien pretende lo contrario, por Navidad no conocerá el tesoro encerrado en el tronco del tió, no recibirá sus regalos, sino que será colgado.

El año nuevo

Amades cuenta que era costumbre, al ir hacia la misa del Gallo, mirar las estrellas, pues se creía que Nochebuena era la noche más estrellada del año, ya que todas las estrellas salen y brillan para ver y adorar a Jesús, por ello se dice: «La nit de Nadal, la més estelada del’any» (21)

Incluso algunas estrellas solo aparecen durante esta noche, tal es el caso de la estrella Catarí de la que Amades cuenta:

«A medianoche del día de hoy aparece la estrella Catarí, que solo sale hasta el día de san Silvestre. Esta estrella llama al año que ha de venir [...] se la denomina también el Gener, Giner o Estrella de Nadal, que sale cada año, al punto de las doce de la noche de Navidad, y deja de salir la noche de Reyes [...] Se asocia la estrella Catarí con el nacimiento del año, y se cree que si alguna Navidad esta estrella deja de salir, el año nuevo no podría empezar, y por lo tanto, el mundo se acabaría [...]

El término giner [antiguamente quizá gigner, y después, por analogía con el nombre del primer mes del año, gener -enero en catalan], derivado del latín gigno, incluye la idea de engendramiento, generación, es decir, de producción de una vida nueva; equivale, pues, a significar que esta estrella engendra o origina el nuevo año. Los pueblos antiguos y las civilizaciones primitivas tienen una serie de creencias religiosas relacionadas con el nacimiento del año, o más concretamente, con la muerte del invierno, al que imaginaban como un monstruo maléfico, destructor de los frutos y los dones de la tierra que aseguraban la subsistencia y la continuidad de la vida; y en el principio del año involucraban la idea del retorno a la bonanza i del despertar y de la renovación de la naturaleza y de la seguridad de la vida nueva; como bien dice aún el refrán: Any nou, vida nova [Año nuevo, vida nueva]».(22)

«Año nuevo, vida nueva», el nacimiento de Jesucristo marcó el inicio de una nueva era, un «año nuevo», es decir, de una «vida nueva». Teológicamente, Clemente de Alejandría lo explica así:

«Se ha levantado una estrella ajena y nueva, destruyendo la antigua ordenación de los astros, brillando con una luz nueva que no es de este mundo, y trazando nuevas vías de salvación, como lo ha hecho el mismo Señor, guía de los hombres, que ha bajado sobre la tierra a fin de transferir del Destino a la Providencia a aquellos que han creído en él».(23)

Las numerosas costumbres que hablan sobre la aparición de una estrella durante la Navidad conducen inevitablemente a la estrella que anunció a los Reyes de Oriente el nacimiento del Niño-Dios. Una tradición, común a todo el mundo cristiano, refiere que esta estrella era un cometa, ahora bien, Amades constata que: «Una canción, pero, nos dice que era la estrella del día, o sea, el planeta Venus»:

... es posen en camí

per anar a adorar-lo;

l’estrella del dia,

l’estrella els guiava...(24)

Sobre esta estrella del día o de la mañana El Mensaje Reencontrado explica: «¿Quién puede diferenciar el fuego del fuego? ¿Quién puede manifestar y encarnar el sol en la estrella de la mañana salida de la tierra tenebrosa?»(25).

H. Khunrath comenta el versículo de Proverbios IV, 18, que dice: «La senda de los justos es como luz de aurora, que va en aumento hasta ser pleno día», de la manera siguiente:

«Este astro fosforescente que se levanta en los corazones de los hombres piadosos es el Cristo Jesús, verdadera Luz iluminando todo hombre que viene a este mundo; es él que rompe las tinieblas del espíritu, que alumbra la luz de la fe, la llama de la caridad, el rayo de la esperanza...»(26).

Los pastores

La fiesta de Navidad es, como dice Amades, «una fiesta de pastores»(27), pues, junto a la Sagrada Familia y a los ángeles, ellos son los protagonistas de esta Noche santa. Los pastores, según la tradición popular, celebran el momento en el que nace Jesús, en medio de la noche. La liturgia conmemora este momento mediante la lectura del Evangelio de Lucas que describe el nacimiento de Jesús en Belén(28), durante la primera de las tres misas de Navidad, es decir, la misa del Gallo.

La tradición popular ha representado especialmente este instante; dentro de la Iglesia se celebra la solemne misa; en el exterior, el pueblo representando a los pastores, aguarda con impaciencia, el instante sagrado. Amades explica lo que sucedía antiguamente en este momento:

«Entonces, cuando se leía el Evangelio, una voz vibrante, desde dentro de la Iglesia, decía medio cantando: Jesús ha nacido. Al instante se producía un gran bullicio entre los pastores, que esperan fuera de la Iglesia, y todo eran diálogos y habladurías, en los cuales se reflejaba la duda y el escepticismo, hasta que llegaba alguien que, con voz cortada, como si hubiera corrido mucho, confirmaba la nueva. Decía que él lo había visto, y que era tan brillante y resplandeciente que parecía un sol con la claridad de cien soles. Los pastores se libraban a manifestaciones de gran alegría y se disponían a emprender el camino a Belén, que se suponía en el presbiterio. Después se ponían a cantar un largo repertorio de canciones de Navidad, las cuales eran seguidas por todos los otros fieles [...] La alegría no se iba solamente en canciones. También era obligado bailar. Los pastores se cogían de las manos y bailaban»(29).

Inevitablemente este episodio nos recuerda el momento central de la celebración de los ritos de Eleusis, que conocemos gracias a Hipólito de Roma; este autor explica que en un cierto momento en medio de la noche, se proclamaba a gritos:

«"Brimós, la señora, ha parido un niño sagrado", "Brimós", es decir, la fuerte al fuerte. "Señora" significa la generación espiritual, la celestial, la de arriba; y "fuerte", el engendramiento de esta manera»(30).

Este divino nacimiento genera la alegría mesiánica, por ello en las tradiciones populares de toda Europa se cantan Villancicos por Navidad, alegres canciones que celebran la llegada del Mesías. Alberto el grande en su Biblia Marial relaciona la alegría de los pastores que adoran al Niño, con el engendramiento sagrado de Isaac, que significa ‘alegría, risa’(31).

Es en esta alegría que los árboles cantan. Cuenta el folklorista catalán:

«Es en el preciso momento de la medianoche, del 24 de diciembre, cuando se cree que los árboles se mueven por si mismos; no las ramas, sino el tronco. También se cree que hablan. Todo esto es una supervivencia de aquellos maravillosos tiempos de los cuentos:

De quan les bèsties parlaven

els arbres cantaven

i les pedres caminaven.»(32)

Sería interesante profundizar sobre el sentido simbólico que representan los pastores. Se dice en una canción de Navidad típica de Cataluña:

Els pastors de la muntanya

son com els àngels del cel,

i quan va parir Maria

ells hi van ésser els primers(33).

Esta extraña identificación entre los pastores y los ángeles tiene un fundamento patrístico importante, puesto que Orígenes dice sobre los pastores que van a adorar a Jesús estas enigmáticas palabras:

«Es necesario encontrar el sentido más misterioso: yo diría que es necesario ver en estos pastores los ángeles encargados de gobernar las actuaciones de los hombres. Cada ángel asegura su vigilancia y vela noche y día. Pero no puede soportar la tarea que le ha sido confiada, la tarea de gobernar las naciones a él confiadas»(34).

Las canciones populares, en apariencia fáciles y dulzonas, nos trasmiten una antigua enseñanza realmente sorprendente: los pastores simbolizan los ángeles encargados de las naciones, es decir: las fuerzas naturales que gobiernan al mundo, que si reconocen al Niño divino son una luz creadora, y si no lo reconocen son una oscuridad destructora. Por medio de ellos el Señor ha creado los mundos.

Cuando Orígenes habla de los «los ángeles encargados de gobernar las actuaciones de los hombres», se refiere a un concepto importante dentro de la tradición hebrea como leemos en el Sefer ha-Zohar:

«Cuando el Santo bendito sea creo el mundo lo dividió en siete zonas(35). Las repartió a los setenta Principes angélicos -diez por cada zona-, a cada uno lo que le convenía, según las palabras: "Al hacer heredar el Altísimo a las naciones, al dividir a los hijos del hombre, estableció los límites entre los pueblos"(36)»(37).

La cita completa de Deuteronomio dice así: «Al hacer heredar el Altísimo a las naciones, al dividir a los hijos del hombre, estableció los límites entre los pueblos según el número de los hijos de Israel». La versión griega de los Setenta traduce: «según el número de los ángeles de Dios», en vez de «según el número de los hijos de Israel». Es sorprendente encontrar en el Sefer ha-Zohar la misma exégesis que en la versión griega de los Setenta, lo cual nos indica que los dos se sustentan sobre una misma tradición escondida.

Los pastores representan los Príncipes de las naciones del mundo, de aquellos que no son verdaderamente Israelitas -o cristianos según el caso-, es decir, los paganos(38). San Isidoro de Sevilla nos da su sentido etimológico cuando escribe:

«El nombre de paganos deriva de las aldeas atenienses, pagus, en donde tuvieron sus comienzos. En aquellos lugares agrestes y en aquellos pagos establecieron los gentiles bosques sagrados y erigieron ídolos. Por ser tal su origen, recibieron este nombre de paganos. Se denominan gentiles a quienes no conocen la Ley y aún no han recibido la fe. Y se llaman gentiles porque continúan en el mismo estado en que nacieron, es decir, tal y como fueron concebidos en pecado, sirviendo a los ídolos y sin haber sido regenerados todavía»(39).

Es interesante reseñar que aquellos que no han «sido regenerados todavía», sean los que habitan los bosques, los lugares agrestes, que son, en terminología cristiana: los pastores, y según la mitología los faunos(40) y los sátiros. «Habitar los bosques -explica EH- es una alusión al aspecto grosero de la materia prima que, en efecto, se encuentra en los antros silvestres»(41).

Las canciones de Navidad que cantan los pastores se llaman en castellano villancicos, y se dicen así de las canciones villanescas que solían cantar la gente del campo, es decir los villanos(42). Los villanos son los habitantes del estado llano de alguna vila o aldea, a distinción del noble o hidalgo.

Es a partir de aquí que comprendemos las palabras del profeta Isaías citadas por san Mateo:

«¡Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles!. El pueblo que habita en tinieblas vio una gran luz y para los que habitan en la región de mortales sombras una luz se levantó»(43).

Los 70 pueblos y naciones del mundo tienen un dios o un ángel que los vigila e inspira, cada uno de ellos posee un nombre y representa de cierta manera una religión particular del mundo, todos viven en las regiones «de mortales sombras», pero es en medio de ellas, y sólo en medio de ellas, que se levantara la luz (44).

Estos 70 ángeles son también los que suben y bajan por la escalera de Jacob, cuando reconocen al Señor son los peldaños, por medio de los cuales, el cielo se une a la tierra, pero cuando no lo conocen son las barreras que impiden dicha unión(45).

. J. Amades, Costumari Català, Ed. Sálvat. y Edicions 62, Barcelona, 1982. 5 vol. Todas las citas de este artículo pertenecen al Vol. I.

2. Evangelio según Tomás, Ed. Obelisco, Barcelona, 1992; p.61. Para una ampliación del tema, J.Jeremías, Palabras desconocidas de Jesús, Ed. Sígueme, Salamanca, 1990; p.108.

3. Tió del latín titio: ‘tizón’, ‘tea’, ‘antorcha’,’hachón’.

4. J. Amades, op. cit., p. 37.

5. J. Amades, p.39. En Castilla, a mediados del siglo xviiI, existía el Nochebueno, que según el Diccionario de Autoridades: «se llama a un tronco grande de leña, que ponen en el fuego la noche de Navidad, y la parte que queda la guardan, piadosamente, persuadidos que tiene virtud contra las tempestades, por reverencia a esta noche». En Cataluña también se utilizan las cenizas del tió para preservarse de las tempestades; cf. Amades, op. cit., p. 178.

6. J. Amades, op. cit., p. 39.

7. Ibídem, p. 48.

8. Ibídem, p. 42.

9. «Buena casa y buena brasa, / buena brasa y buen tió / y buena Navidad que Dios os de". Ibídem, p. 31.

10. J. Amades, op. cit., p. 177

11. Citado por J.F.M. Noël, Diccionario de Mitología Universal. Edicomunicacion, Barcelona, 1991; p. 773.

12. Leemos en El Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux: «Las cenizas de los creyentes y de los caritativos que mueren confirmados en su fe y en su amor en Dios, serán reunidas a fin de ser honradas en cada hogar, sobre el altar de piedras brutas consagrado a Dios» y «Las cenizas de los impíos[...]serán dispersadas...» Ed. Sirio, Málaga, 1978, libro XXVII, 9.

13. Ibídem, libro XIV, 9.

14. Ibídem, libro V, 42.

15 Ibídem, libro XII, 49: «Mi Nombre es como un punto de oro en el tabernáculo de los antepasados...». 16. Ver R.Guénon, Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1969; p. 206s.

17. Juan III, 30.

18. «De aceitunas, una por san Juan y cien por Navidad». J. Amades, op. cit., p. 201.

19. El tema de una y cien bendiciones también es conocido en el Evangelio, Mateo .XVIII, 11 y en el Islam, un hadit del profeta dice: «Dios tiene 99 nombres; 100 menos 1; aquél que los conozca entrará en el Paraíso».

20. «Quien se quiere hacer rico por san Juan, lo cuelgan por Navidad». J. Amades, op. cit., p. 204.

21. «La Nochebuena, la mas estrellada del año». J. Amades, op. cit., p. 70.

22. «Año nuevo, vida nueva», ibídem, pp. 70-72.

23. Clément d’Alexandrie, Extraits de Théodote. Ed. du Cerf, París, 1948, p.197.

24. «Se ponen en camino para ir a adorarlo; la estrella del día, la estrella los guiaba...». J. Amades, op. cit., p. 71.

25. Louis Cattiaux, op. cit., libro I, 18.

26. H. Khunrath, Amphithéätre de l’Éternelle Sapience. Ed. Sebastiani, Milano, 1975, p. 139.

27. J. Amades, op.cit., p. 110.

28. Lucas, II, 1-14.

29. J. Amades, op.cit., p. 133.

30. Los Gnósticos,II. Ed. Gredos, Madrid, 1983; p. 54.

31. Comentario a Génesis, §-17; dice: «Génesis XXI,3: "Y Abraham dio al hijo que Sara le había engendrado el nombre de Isaac", es decir ‘alegría’ ya que en el nacimiento de Cristo los ángeles y los pastores se alegraron (Lucas II, 8 y ss.)».

32. «De cuando las bestias hablaban, los árboles cantaban y las piedras andaban». J. Amades, op cit. p. 100 y p. 105. Cuando la tradición dice que los árboles hablan podría referirse al poeta realmente inspirado, pues, desde el fondo de sus raíces sale la palabra creadora que anima todo el tronco; es por ello que Virgilio al describir el Ménalo, la mítica montaña de Arcadia cuna de los poetas y pastores, dice así: «El Ménalo tiene siempre un bosque sonoro, y unos pinos habladores; siempre escuchó aquél los cantos de amor de los pastores y a Pan». Bucólicas VIII, 23-25.

33. «Los pastores de la montaña son como los ángeles del cielo, y cuando parió María ellos fueron los primeros». J. Amades, op. cit., p. 110

34. Origène. Homélies sur s. Luc. Ed. du Cerf, París, 1962; pp. 199-201.

35. Así vemos que son los siete ángeles de la Creación. El Comentario de Ashlag al Sefer ha-Zohar dice que las siete divisiones corresponden a las siete sefirot inferiores. Sería el hombre sin bendición, es decir: las naciones sin conocer el Mesías.

36. Deuteronomio XXXII, 8.

37. Le Zohar Ed. Verdier, Lagrasse, 1984 vol. II, p. 473.

38. Los paganos son quienes reconocen al Cristo. Escribe Origenes, comentando Lucas II, 15-16: «Y aconteció que cuando los ángeles los dejaran y fueron hacia el cielo, los pastores dijeron unos a los otros: Pasemos pues hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado. Y vinieron aprisa, y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre». Ya que habían venido con prisa, sin lentitud, no caminaban como gente fatigada, y encontraron a José que lo había preparado todo para el nacimiento del Señor, a María que había traído a Jesús al mundo, y al mismo Jesús recostado en un pesebre. Era el pesebre que el profeta había anunciado diciendo, Isaías I, 2: «El buey reconoce a su Señor, y el asno el pesebre de su amo». No es el pueblo de Israel quien ha conocido el pesebre de su dueño, sino un animal impuro que proveniente de los paganos Isaías id. 3: «Israel no me ha conocido -dice la Escritura- y mi pueblo no me ha comprendido». Entendamos el sentido de este pesebre, esforcémonos en descubrir al Señor, merezcamos conocerle y asumir no solamente su natividad y su resurrección, sino también el segundo advenimiento glorioso de la majestad de aquel I Pedro IV, 11: «a quien pertenecen la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amen». Op. cit., p. 213.

39. San Isidoro de Sevilla, Etimologías, B.A.C., Madrid, 1982; vol. I,VIII-10, p. 719. Gentiles viene de gens, pueblo.

40. Varrón, Sobre la Lengua Latina, Ed. Anthropos, Barcelona, 1990, VII, 36, p. 241: «Los Faunos eran divinidades de los latinos, pero su nombre podía ser tanto Faunus como Fauna. Se cuenta que en la espesura de los bosques solían predecir, fari el futuro empleando aquellos versos que se conocen como "saturninos"; de este predecir, fari deriva su nombre de Fauni , ’Faunos’».

41. EH «Chromis y Mnasylus in Antro» La Puerta, nº 23, p. 83.

42. Ver S. de Covarrubias. Tesoro de la lengua castellana. Ed. Altafulla, Barcelona, 1987, voz: Villanescas.

43. Mateo. IV, 15 y 16. y Isaías. IX, 1 y 2.

44. Este pudiera ser uno de los sentidos del versículo dEl Mensaje Reencontrado cuando dice: «Los fieles extranjeros se han vuelto niños de Dios amados y los niños rebeldes se han vuelto extranjeros odiados; es una dura lección que debe preservarnos cuidadosamente de toda negación y de todo olvido del Señor de vida» L. Cattiaux, op. cit., libro XXVI, 32’.

45. Leemos en el Sefer ha-Zohar : «R. Eliezer abrió y dijo: (Cantar de los Cantares II, 3): Como el Manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los muchachos. "Como el Manzano", es el Santo bendito sea, ya que es deleitable y engalanado de sus colores... Y no hay nada que se parezca a El entre los demás árboles, que aluden a los 70 ángeles [de la escala de Jacob]. Ya que el Santo bendito sea es excelente entre todos y hay otro como El. [Explicación: A causa del pecado que está del lado del Juicio, la Shekina se fue del lado de los 70 ángeles, que son la experiencia del exoterismo de la Cara Corta]»; op. cit. p. 234.