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PORFIRIO Y LOS POEMAS ÓRFICOS

Introducción y traducción: S. Feye

Entre las numerosas obras de Porfirio (233 a 304 d. C.) hay muy pocas, por desgracia, que se hayan conservado. Los libros de este eminente doctor del paganismo fueron quemados por el emperador Teodosio II. No obstante, por los fragmentos que de él nos quedan, se puede juzgar la importancia y el inestimable valor de su enseñanza y de la corriente neoplatónica que representa.

Como hombre iluminado se aplicó a reavivar a la luz de la tradición, los símbolos, ritos e imágenes de las religiones de la antigüedad, que habían soportado una asfixia casi mortal. «No hay nada de sorprendente –nos dice-, en que los más privados de instrucción tomen las estatuas por bloques de piedra o de madera, del mismo modo que los que no saben leer no ven más que piedras, planchas o un papiro plegado en las estelas, las tablillas o los libros.»

En su Vida de Porfirio, J. Bildez (1) nos ofrece un fragmento del tratado Peri Agalmaton (‘Acerca de las imágenes de los dioses’), reconstituido gracias a las numerosas citas que de él hace Eusebio en la Preparación Evangélica (2). En este tratado, Porfirio enseña el significado filosófico de las estatuas de los dioses tanto griegos como egipcios; si Sileno es representado calvo, es para simbolizar la bóveda del cielo; Hefaistos cojea porque el fuego que desciende del cielo a tierra tiene necesidad de un soporte; Apolo es acompañado por nueve musas, porque hay nueve esferas a saber; la sublunar, las siete planetarias y las de las fijas; si Cerbero, el perro de Plutón tiene tres cabezas es porque el sol tiene tres posiciones en el cielo: el levante, el medio día y el poniente. Y si la estatua del dios egipcio Kneph es de color oscuro, es porque el Verbo es difícil de encontrar.

El Peri Agalmaton contiene también un capítulo particularmente interesante consagrado a Zeus; de este capítulo ofrecemos un extracto con el beneplácito del lector.

Después de exponer un método de interpretación simbólica Porfirio continua:

«Pero veamos la sabiduría de los griegos examinándola bajo este aspecto. Por ejemplo, los autores de los poemas órficos(3) en sus teologías– al sobreentender que Zeus es el alma (nous) del mundo que, conteniendo al mundo, creó lo que en él se encuentra- nos han transmitido lo que sigue respecto al tema:

POEMA ÓRFICO

Zeus fue el primer engendrado, Zeus del rayo centelleante de blancura es el último.

Zeus es la cabeza, Zeus es el medio; de Zeus todo recibió el ser.

Zeus nació varón, Zeus inmortal nació ninfa. Zeus es el fundamento de la tierra igual que del cielo estrellado.

Zeus es rey, Zeus él mismo es el primer genitor de todas las cosas.

Nació fuerza única, daimon único, gran jefe de todo.

Cuerpo real único, en el cual todas estas cosas dan vueltas, el fuego y el agua, la tierra y el éter, la noche y el día.

Y la sabiduría, primer genitor, y el Eros bello.

En efecto, todo esto se encuentra en el gran cuerpo de Zeus.

Al verlo, su cabeza y su cara hermosa, son el cielo resplandeciente en el cual flotan por todas partes, las magníficas cabelleras de oro de los astros brillantes.

Sus dos cuernos de oro de toro; de un lado y de otro, son el levante y el poniente, caminos de los dioses celestes.

Sus ojos son el sol y la luna que le da la cara (4). Su nous verdadero y real, es el éter incorruptible al cual todo obedece y por el cual todo se expresa.

No hay un sonido, ni una voz, ni un ruido, ni un oráculo que escape al oído de Zeus todopoderoso, hijo de Cronos.

Así, inmortal es su cabeza, igual que su pensamiento.

Su cuerpo, ¡oh! ¡cómo resplandece a su alrededor! Es inmenso, no es compacto, intrépido, con miembro robusto; por eso es todopoderoso.

Los hombros, el ancho pecho, la larga espalda del dios es un aire vital que se extiende a lo lejos; le han crecido alas, con las cuales vuela por todas partes.

Su vientre sagrado, es la tierra, madre de todo, son las cimas elevadas de las montañas.

Su cintura en medio, es la hinchazón del mar sonoro y pesado y del océano.

Su base extrema, son las raíces en el interior de la tierra, el Tártaro florido y los últimos confines de la tierra.

Después de haber escondido todas las cosas, iba, desde su seno, a producirlas de nuevo hacia la luz alegre, realizando cosas parecidas a los dioses.

Zeus es, pues, el cosmos entero, viviente entre los vivientes y dios entre los dioses. Zeus en tanto que nous, del cual produce todas las cosas y las crea por sus pensamientos.

Puesto que esta es la manera en que los teólogos exponían la doctrina relativa al dios, fabricar una imagen equivalente a lo que el poema indicaba no era evidentemente posible; y admitiendo incluso que se hubiera pensado en ello, no es por medio de la esfera que se hubiera demostrado el aspecto vivificante, pensante y provincial del dios.

Pero la representación de Zeus se hizo antropomórfica puesto que era según el nous que creaba y era a través de las palabras espermáticas, que contemplaba toda cosa; por otra parte está sentado, lo cual hace alusión a la estabilidad de su potencia.

Su parte superior está desnuda porque es luminoso (5) en los seres pensantes y en las partes celestes del cosmos. Su parte anterior está recubierta porque es invisible en las cosas escondidas de abajo.

En su mano izquierda sostiene el cetro, lo que quiere decir que de entre las partes del cuerpo la que predomina y la que tiene mayor relación con el nous, es decir, con el corazón, se esconde en las entrañas. En efecto, el nous creador es Rey del mundo.

En su mano derecha extendida, sostiene ya sea un águila, puesto que domina sobre los dioses que se desplazan por el aire como el águila sobre los pájaros de las alturas, ya sea una victoria, porque él mismo lo ha vencido todo.

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1. J. Bidez, Vie de Porfire, Librairie scientifique E. Van Goethen, Gante 1913. Reimpreso Hildesheim, 1964.

2. Se puede encontrar una buena traducción francesa de las citas del Peri Agalmaton en los libros II y III de la Preparación Evangélica de Eusebio de Cesarea, por el Padre E. Des Places, Col. Sources Chrétiennes, ed. du Cerf, París 1976.

3. El nombre de poemas órficos se atribuye a una serie de himnos escritos en parte durante el siglo VI a. C. por los poetas, y en parte durante los primeros siglos del cristianismo por los filósofos neo-platónicos de Alejandría.

4. «La luna que le da la cara» o bien «La luna que va a su encuentro» ¿luna llena o luna nueva?

5. E. Des Places no lee ‘luminoso’ (fanos) sino ‘visible’ (faneros).