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LA TRADICIÓN EGIPCIA A TRAVÉS DE LOS ALQUIMISTAS

Juli Peradejordi

 

El conocimiento hermético del que eran depositarios los egipcios fue recogido por los hebreos; numerosos pasajes de la Biblia, sobre todo el Pentateuco de Moisés, nos permiten adivinarlo (1). Por otra parte, también los griegos se nutrieron de la sabiduría egipcia, adecuándola a su civilización y a sus divinidades y sirviendo de transmisores de sus misterios (2). Más tarde, bebiendo indistintamente en las fuentes griegas y en las egipcias, los sabios doctores del Islam volvieron a actualizar y transmitieron de nuevo el conocimiento hermético.

Fue, finalmente, a través de estos tres, hebreos, griegos y árabes, como llegó a tierras europeas, donde volvemos a encontrarlo entre los alquimistas medievales, más o menos intacto, hasta finales del siglo XVIII.

No es tampoco desdeñable, aunque no hablaremos ahora de ello, el papel ejercido por algunos padres de la Iglesia en esta misteriosa transmisión. Durante la Edad Media aparecerán una serie de alquimistas cristianos que compararán la Gran Obra con la vida de Cristo (3). Con todo, los elementos más importantes de la filosofía hermética proceden en su mayoría, como veremos, de los griegos y de los egipcios.

Varias leyendas egipcias y griegas nos refieren que toda una serie de usos, enseñanzas y costumbres fueron transmitidos al pueblo egipcio por Thot, dios que recibiría entre los griegos los nombres de Hermes y de Mercurio (4). Dicho de otro modo, lo que exotéricamente se entiende por tradición, nos narra la leyenda que fue transmitido al pueblo egipcio por Thot-Hermes.

Alkandi (5) se refiere a él en estos términos

«En tiempos de Abraham vivía en Egipto Hermes o Idris segundo (6), que la paz sea con él, y fue apodado Trismegisto, porque era poeta, rey y filósofo. Enseñó el Arte de los metales, la Alquimia, al Astrología, la Magia, la Ciencia de los espíritus... », con ello vemos que Thot o Hermes fue también el transmisor del esoterismo. Dom Pernety afirma que se consideraba a Mercurio como el inventor de las artes y de los caracteres jeroglíficos, porque Hermes los inventó a propósito del mercurio filosófico, uno de los arcanos de la Alquimia.

La helenización de Thot, Hermes Trismegisto, fue el Mercurio de los romanos; éste estaba considerado como el padre de la Alquimia, que ha tomado de él el nombre de «filosofía hermética». Todos los alquimistas medievales estaban de acuerdo en ello y se llamaban a sí mismos «filósofos herméticos», para diferenciarse de los filósofos «profanos».

Entre los escritos de los filósofos herméticos, aquellos en los que se hace alguna alusión directa a la mitología egipcia son muy numerosos; resultaría poco menos que imposible citarlos a todos. Muchos de ellos no han sido traducidos nunca ni del latín ni del griego originales, y bastantes se conservan únicamente en forma de manuscrito. Entre los autores a los que hemos recurrido en el presente trabajo, señalaremos cuatro, que nos parecen los más representativos: MICHAEL MAIER, médico y alquimista alemán del s. XVII, prolífico escritor: DOM ANTOINE PERNETY, benedictino de la congregación de St. Maure, autor de un Diccionario Mito-Hermético (s. XVIII) de obligada referencia; SAINT BAQUE de BUFOR, filósofo desconocido, del s. XVIII, probablemente relacionado con Pernety o con el círculo hermético que éste presidía (7), y un filósofo anónimo que se ocultaba bajo el anagrama de FILOVITA o URANICUS, autor de una Instrucción introductoria a una de las obras de Esprit Gobineau de Montluisant.

Algún lector se extrañará al ver relacionado algo como la alquimia europea con la antigua mitología egipcia; las pocas ideas que normalmente tenemos sobre ésta, proceden de nuestra educación escolar donde más que comprender lo que hacíamos era aprender. Como ocurría con la interminable lista de reyes godos, memorizábamos nombres de dioses, de diosas y de personajes mitológicos, pero no nos enterábamos ni de su simbolismo ni de su sentido profundo; dicho de otro modo: no sabíamos a qué se referían y, lo que sin duda es peor, no sabíamos que en el fondo eran símbolos y no mitos ni personajes reales de carne y hueso.

Para los verdaderos alquimistas no existía este problema, todo lo que los dioses y las fábulas egipcias representaban ya era conocido por ellos, y no les era difícil reconocer los principios y operaciones de su arte en las leyendas que nos han transmitido Plutarco, Diodoro de Sicilia o Porfirio.

Comentando el texto que aparecía en una columna egipcia, transcrito por el Abbé Bannier en su Mitología, Dom Pernety afirmaba (8) que «si se comparaban estas expresiones con las de los Filósofos Herméticos, se las encontrará tan conformes que se estará, por así decirlo obligado a convenir que el Autor de estas Inscripciones contemplaba el mismo objeto que los Filósofos», y más adelante: «los Sacerdotes instruidos por Hermes tenían otro objetivo que el de la historia (9), con la que no podrán conciliarse las diferentes cualidades de madre e hijo, de esposo y esposa, de hermano y hermana, de padre e hija que se encuentran en las distintas historias de Isis y Osiris, pero que convienen muy bien a la Obra Hermética, cuando se toma su única materia bajo todos los puntos de vista» (10).

«Basta con un solo libro de los Filósofos Herméticos – nos dice el mismo autor (11)- para ver que han utilizado el mismo método que los Egipcios para hablar de la Piedra Filosofal: han utilizado los mismo jeroglíficos y las mismas fábulas».

Así pues, vemos que los filósofos herméticos y los egipcios no sólo hablaban de los mismo, sino que empleaban un mismo lenguaje. Para el profano resultan tan jeroglíficos los textos de los papiros como la mayoría de los tratados de los alquimistas, y en ello reside la dificultad de traducción de los unos, de la que se quejan los egiptólogos y de comprensión de los otros aunque, prácticamente, han escrito en nuestra lengua (12).

El personaje central de la mitología egipcia es Osiris, y lo que éste simboliza parece ser también el tema central en los libros de muchos alquimistas. En el «Discurso XXIV» de su Atalanta Fugiens (13), Michael Maier declara:

« La alegoría de Osiris ha sido llevada por nosotros a su verdadero origen, que es químico, y explicaba de manera completa en otro lugar...(Osiris) es el sol, pero el sol filosófico, y este nombre, que le encontramos atribuido aquí y allá en los libros, ha sido interpretado como el sol exterior por el vulgo que no conoce otra luz que la luz de este mundo.

El sol de los filósofos recibe su nombre del sol del mundo porque contiene todas las propiedades naturales que descienden de este sol celeste o que le convienen».

Contrariamente a lo que pudiera parecer, los egipcios no adoraban en realidad a una pluralidad de divinidades, sino a un solo Dios en todas las cosas, como nos lo demuestran por una parte Plutarco (14) y por otra Dom Pernety (15):

«Léanse con atención los himnos de Orfeo, particularmente el de Saturno, donde se dice que este dios está extendido por todas las partes que componen el Universo y que no ha sido engendrado; que se reflexione en Asklepios de Hermes, en las palabras de Parménides el Pitagórico, en las obras del mismo Pitágoras; en todas las partes se hallarán expresiones que manifiestan su sentimiento sobre la unidad de un Dios, principio de todo, él mismo sin principio, y que todos los dioses mencionados no son sino diferentes denominaciones, ya sean atributos, ya sean operaciones de la Naturaleza. Sólo Jámblico es capaz de convencernos con lo que dice a propósito de los misterios de los egipcios (16)...

Hermes y los otros sabios sólo presentaron a los pueblos las figuras de las cosas como dioses, para manifestarles un solo y único Dios en todas las cosas: ya que aquel que ve la Sabiduría, la Providencia y el Amor de Dios manifestados en este mundo, ve a Dios mismo: ya que todas las criaturas no son más que espejos que reflejan sobre nosotros los rayos de la sabiduría divina».

Volviendo al sentido alquímico de las fábulas egipcias, señalemos que, según los alquimistas, dos dificultades principales se presentan a aquel que quiere realizar la Obra. La primera es la determinación de qué materia ha de utilizarse y la segunda de cómo manipularla.

Saint Baque de Bufor nos explica que:

«Los Filósofos Herméticos, en los escritos que nos han dejado, han hablado muy poco de la primera materia (...) se han extendido mucho, aunque con mucha ambigüedad, sobre los diversos principios del arte y sobre las formas progresivas que toma la materia en la segunda operación, pero han cubierto de un velo impenetrable al primer agente ostensible, los primeros procesos y todo el desarrollo de la primera operación... El Antiguo Testamento, la teología egipcia, griega y la de los druidas, al contrario, casi no hablan de la segunda operación, pero se extienden tan prolijamente y de un modo tan variado sobre la primera que, a fuerza de envolverla con parábolas, enigmas y ficciones, han formado un laberinto en el cual es casi imposible no extraviarse (17)».

El proceso de la Obra alquímica consta de diversos pasos que aparecen representados en la iconografía hermética, sumamente abundante. Uno de los pasos de esta misteriosísima obra recibía el nombre de «conjunción». Se trata de la unión del «fijo y del volátil, del hermano y de la hermana, del Sol y de la Luna» (18). El lector familiarizado con la leyenda de Isis y Osiris comprenderá, con Dom Pernety, (19) que: «los egipcios entendían por Isis y Osiris tanto la substancia volátil y la substancia fija de la materia de la obra, como el color blanco y el rojo que toma en sus operaciones».

En cuanto a Isis se refiere, citemos la opinión del Filósofo anónimo que citábamos al principio de este artículo (20):

«La diosa Isis era el húmedo radical universal, influido por la Luna al que miraban como la madre original de toda generación y conservación.

Las estatuas de Isis tenían todos los símbolos de la Luna, incluso los del cielo astral y de la región celeste, a la que se consideraba hacía tanto bien. Estaba vestida de negro para señalar la vía de la corrupción y de la muerte, comienzo de toda generación natural... La ropa negra que se daba a Isis muestra también que la Luna, o la Naturaleza, o también el Mercurio Filosófico que es su diminutivo y su substancia operativa en todas las generaciones, no tiene luz por sí mismo, al ser un cuerpo opaco, pero que este cuerpo esencial la ha recibido de otro, esto es, del Sol y de su propio espíritu vivificante que está infuso en él y que es su agente. Llevaba una ropa negra, blanca, amarilla y roja para significar los cuatro colores principales o grados hacia la perfección de la generación o de la obra secreta de los Sabios, de la que también es el sujeto, el objeto y la imagen.

A menudo Isis estaba acompañada por una vaca negra y blanca, para dar a entender el trabajo asiduo con el que debe ser observado el culto filosófico, y que debe ser seguido en la operación del negro y del blanco perfecto que es engendrado por la Medicina Universal Lunar Hermética... Según Apuleyo, Isis hablaba así en su fiesta: Mi religión comenzará mañana para durar eternamente.

O sea que la Ciencia religiosa de la Naturaleza y la Obra de su simiente primera, origen de toda producción y de las maravillas del mundo, tiene tanta duración como el Universo y se observa y practica cada día».

Y nuestro autor añade que:

«Cuando las Tempestades del Invierno sean apaciguadas, que el mar conmovido, alterado y tempestuoso sea calmado, apaciguado y hecho navegable, mis sacerdotes me ofrecerán una barquilla, como demostración de mi paso por el mar de Egipto, bajo la guía de Mercurio, mandado por Júpiter.

Esta es la clave del gran Secreto filosófico para la extracción de la materia de los Sabios y del huevo en el que deben encerrarla y operar en el atanor de torre, comenzando por el régimen de la Saturnia Egipcia, que es la corrupción del buen augurio, para la generación del Hijo real filosófico, que de allí debe nacer al final de los siglos, o de las circulaciones requeridas».

El texto de Apuleyo que Filovita o Uranicus citaba y comentaba gozó también de gran estima entre los otros filósofos. Nos abstendremos de citarlo en su totalidad ya que el lector podrá consultarlo en el artículo sobre Plutarco que firma Carlos del Tilo. Dom Pernety, por su parte, nos lo explica de este modo (21):

«Isis pasaba por ser la Luna, la Tierra y la Naturaleza. Su corona, formada por un globo brillante como la Luna, la anuncia a todo el mundo... Las dos espigas que salen indican que la materia del Arte Hermético es la misma que la que emplea la Naturaleza para hacerlo vegetar todo en el Universo. Los colores que esta materia va tomando durante las operaciones, ¿no son exactamente nombrados en la enumeración de los vestidos de Isis?».

Y más adelante (22):

«Parece que Apuleyo haya querido decirnos que todos estos colores nacen los unos de los otros; que el blanco está contenido en el negro, el amarillo en el blanco y el rojo en el amarillo; por ello el negro cubre a todos los demás».

Para Saint Baque de Bufor (23):

«No hay ningún pasaje de los tratados que los Filósofos herméticos han escrito que sea tan claro, tan verdadero y tan instructivo para el comienzo de la obra hermética como aquel que Apuleyo ha referido a propósito de la fiesta de Isis.

Isis era, en efecto, la madre de todas las cosas, porque unida a Osiris componen juntos el fluido luminoso que da la vida a todos los seres; era la dueña de los elementos, porque unida a Osiris, constituían los elementos simples que elementan a los cuatro elementos».

He aquí lo que Pernety explicaba a propósito de la historia mítica de Isis y de Osiris (24):

«Esta misteriosa historia, o mejor dicho, esta ficción, se convirtió en lo sucesivo en el fundamento de la Teología Egipcia... Osiris era para los ignorantes el Sol o el Astro del día e Isis la Luna; los Sacerdotes veían en ellos a los dos principios de la Naturaleza y del Arte Hermético... Algunos, como Plutarco, pretendían que Osiris significaba muy santo, otros, como Diodoro, Horus-Apolo; Eusebio y Macrobio decían que quería decir que tiene muchos ojos, aquel que ve claro... Pero los Filósofos veían en el nombre de este Dios al Sol terrestre, el fuego escondido de la Naturaleza (25), el principio ígneo, fijo y radical que lo anima todo...Para los Sacerdotes, Isis era la Naturaleza misma, el principio material y pasivo de todo... Herodoto nos enseña que los Egipcios la tomaban también por Ceres, creyendo que Apolo y Diana eran sus hijos.

Hemos dicho que Osiris era el principio ígneo, suave y generador que la Naturaleza emplea en la formación de los mixtos, y que Isis era el húmedo radical; por los tanto no hay que confundir al uno con el otro, porque difieren entre sí como el humo y la llama, la luz y el aire, el azufre y el mercurio. El humor radical es en los mixtos el asiento y el alimento del cálido ígneo o del fuego natural y celeste..».

Para los filósofos herméticos (26):

«Las dos obras que son el objeto de este Arte están comprendidas, la primera, en la expedición de Osiris, la segunda, en su muerte y apoteosis. Por la primera se hace la Piedra, por la segunda se forma el Elixir. Osiris, en su viaje, recorre Etiopía, luego las Indias, Europa y regresa a Egipto por el mar Rojo para gozar de la gloria que ha adquirido, pero halla la muerte. Es como si dijéramos: en la primera obra, la materia pasa al principio por el color negro, luego por colores variados, el gris, el blanco y finalmente aparece el rojo, que es la perfección de la primera obra y la de la piedra o azufre filosófico... La segunda obra está muy bien representada en el tipo de muerte de Osiris y los honores que se le rindieron...

Siendo esta segunda operación semejante a la primera, su clave es la solución de la materia o la división de los miembros de Osiris en muchas partes. El cofre en el que ha sido encerrado este Príncipe, es el vaso filosófico, cerrado herméticamente. Tifón y sus cómplices son los agentes de la disolución... La dispersión de los miembros del cuerpo de Osiris es la volatilización del oro Filosófico y la reunión de estos indica la fijación. Se hace gracias a los cuidados de Isis o la Tierra, que, como un imán, dicen los filósofos, atrae a sí las partes volatilizadas». (27)

En su Atalanta Fugiens, Michael Maier dedica un emblema a Osiris [...]. Representa el asesinato de este dios por Tifón. Sabemos por Plutarco, que Tifón era hermano de Osiris y fue su destructor, ya que Osiris representa a la «Palabra» sagrada cuya restauración pertinente fue llevada a cabo por Isis. Numerosos autores opinan que la muerte o el desmembramiento de Osiris en la tradición egipcia es lo mismo que la caída de Adán en la judeo-cristiana. El culpable de la caída, según los hebreos, es Samael (de samo: ‘cegar’) que se relacionará con Tifón (de tufoo: ‘cegar’, ‘oscurecer’). Veamos qué nos enseñaban los alquimistas a propósito de este hermano de Osiris:

«Decían que Tifón y Osiris eran hermanos y que este último le hacía siempre la guerra al primero. Osiris era el buen principio o el humor radical, la base del mixto y su parte pura y homogénea; Tifón era el mal principio o las partes heterogéneas, accidentales; principio de destrucción y de muerte, como Osiris lo era de vida y de conservación (28)

Tifón nació de la tierra, pero de la tierra grosera, siendo el principio de la corrupción. Fue el causante de la muerte de Osiris... El fuego que saca por la boca indica su aspereza corrosiva y designa su pretendida fraternidad con Osiris, porque éste es un fuego escondido, natural y vivificante; el otro es un fuego tiránico y destructivo... Por eso d’Espagnet le llama el Tirano de Natura y el fraticida del fuego natural». (29)

Para Saint-Baque de Bufor, Tifón es el flogisto, y su nombre en latín Typhon es el anagrama de Python, la serpiente que nació del barro, idea que nos vuelve a recordar algunas doctrinas judías. Este autor escribe (30):

«Cuando los dos principios que constituyen la materia pura del arte hermético han sido llevados por las manipulaciones del artista a este grado de pureza, ya no son llamados o conocidos por los nombres de Isis y Osiris o primera materia caótica, sino que en este estado son la materia de los Sabios designada bajo el nombre de Horus, el que mató a Tifón. Dicho de otro modo, Isis y Osiris, que son los principios de toda vida y de los cuales es formado Horus, son desembarazados de los principios de destrucción y de muerte, Tifón, el flogisto o los vapores de la tierra que los habían condensado».

Isis y Osiris son pues los dioses principales de los Egipcios, junto con Horus que reinó en último lugar y que, para los alquimistas, simbolizaba el «resultado del Arte Sacerdotal». Por ello se le confundía con Harpócrates, el dios del secreto, pues Horus, o el Sol de los Sabios, es el gran secreto de la Filosofía Hermética.

Según cierta tradición, Horus:

«Era considerado por ellos (los druidas) como el hijo de Isis y de Osiris, o sea de la Naturaleza y del fuego solar, al que llamamos húmedo radical y calor natural, que nos son enviados desde lo más alto de los Cielos por el Espíritu eterno de vida... Horus pasaba por ser la luz en calidad de hijo de Osiris, representando al Sol (31), y llevaba también algunos atributos de Apolo, hijo también del Sol y dios de la luz según la Fábula; por lo que estaban representados a sus lados, detrás de él y siguiéndole, veinticuatro pequeños ancianos que significaban las veinticuatro horas que antiguamente dividían al día y a la noche en veinticuatro partes». (32)

Llegados al final del presente artículo, a modo de conclusión y de síntesis, sólo nos queda proponer al lector las palabras de dos clásicos de la filosofía hermética. El primero de ellos , con un lenguaje actual, expresa en dos versículos el misterio de Isis y de Osiris, o el del agua y el fuego:

«Os adoramos, Agua, madre de las aguas, pues el fuego vivo está en vuestro centro, y sois excelente sobre todas las demás luces. El sol es vuestra producción magnífica (33). Santa Madre del fuego, socorrednos ahora y en la hora del paso difícil. ¡Que así sea!» (34).

«¡Oh, fuego que fluye, que disuelve y coagula, nuestro Señor fecundador!» (35)

El segundo apunta, siempre bajo el discreto velo del símbolo, cuál es el objetivo de la ciencia hermética, la recompensa del viajero que, abandonando la tierra de exilio, regresa a la Patria original:

«Es este Horus (36) o Apolo por quien Osiris emprendió un viake tan largo y pasó tantos trabajos y fatigas. Es el tesoro de los Filósofos, el de los Sacerdotes, el de los Reyes de Egipto: el niño filosófico nacido de Isis y Osiris». (37).

 

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(1): Ver Hechos de los Apóstoles: VII,22. Aparte del contexto bíblico, los comentadores hebreos nos lo confirman; por ejemplo Nahmánides en su Comentario sobre el Éxodo (XIII, 3) y en su Exordio al Génesis. Filón el Judío, en su De vita Mosis (lib.1) relata que Moisés aprendió en Egipto la Filosofía simbólica o la ciencia de la naturaleza.

(2): Plutarco es, sin duda, el autor que mejor nos explica la adaptación de los Misterios egipcios a los griegos. Ver, a este respecto, el artículo de Carlos del Tilo publicado en este mismo fascículo de LA PUERTA (Egipto).

(3): Citemos a modo de ejemplo, a Pierre Jean Favre o a Dom Belin.

(4): Especialmente Platón en su Fedra, 174 y ss.

(5): Citado por Dom Pernety, Fables Egyptiennes et Grèques, dévoillées et reduites au même principe, tomo I. París, Chez Delalain, MDCCLXXXVI p. 218.

(6): Los antiguos distinguían a tres Hermes, el primero de ellos fue Henoch.

(7): Tras la publicación de su CONCORDANCIA MITO-FíSICO-CABALO-HERMÉTICA (Edición bilingüe castellano-francesa, Obelisco, Barcelona 1986), hemos podido averiguar que se trataba seguramente de Mr. Fabre de Bosquet, apellido cuyas letras constituyen un anagrama de St. Baque de Bufor, que pertenecía a una sociedad hermética de Versalles.

(8): Fable..., op. cit. p. 300 y ss.

(9): Pernety nos indica muy claramente que no hay que intentar entender lo que la Mitología nos explica al pie de la letra. Los Padres de la Iglesia, especialmente Orígenes que en su Adv. Celsum manifiesta grandes conocimientos de la tradición egipcia, escribían lo mismo a propósito de la Escritura, criticando el fariseismo.

(10): Fables..., op. cit. p. 303.

(11): Fables..., op. cit. p. 241.

(12): La lengua egipcia, como la hebrea, se escribía únicamente con consonantes. Las vocales las colocaba quien leía. El lector comprenderá que según qué vocales se utilizaran, el texto adquiría uno u otro significado. Un libro hebreo, el Sepher ha Zohar explica el sentido esotérico de este uso: las consonantes son el cuerpo y las vocales el espíritu. El texto sin la vocalización correcta está seco, muerto. En este libro se comparan a las vocales, mediante un ingenioso juego de palabras, con gotas de agua o de rocío.

(13): En el discurso I de su Atalanta Fugiens. Oppenheim, 1618. en Librairie de Médicis, París 1970.

(14): En su tratado Sobre la EI del Templo de Delfos, ver el pasaje en cuestión citado en el artículo de C. Del Tilo sobre Plutarco.

(15): Fables..., op. cit. pp. 224 y 225.

(16): Ver nuestro artículo sobre Jámblico y los misterios de los egipcios en este mismo fascículo de LA PUERTA.

(17): Concordancia..., op. cit. p. 39.

(18): Según el artículo CONJOCTION del Diccionario Mito-hermético de Dom Pernety.

(19): Fables..., op. cit. p. 275.

(20): Ver Cuatro Tratados de Alquimia, Ed. Vision-Libros, Barcelona 1979. p. 144 y ss.

(21): Fables..., op. cit. p. 288 y ss.

(22): Fables..., op. cit. p. 294.

(23): Concordancia..., op. cit. pp. 65 y 67.

(24): Fables..., op. cit. pp. 265 y 319.

(25): Según Pernety, op. cit. p. 239. Osiris quiere decir «fuego escondido».

(26): Fables..., op. cit. p.. 276 y ss.

(27): Fables..., op. cit. p. 286 y ss.

(28): Fables..., op. cit. p. 250.

(29): Fables..., op. cit. p. 312

(30): Concordancia..., op. cit. p. 65

(31): Existía entre los egipcios una diferencia entre la luz y el sol. Algo semejante ocurre entre los hebreos que distinguen en el Génesis entre la luz (1-3) y el Sol (1-16).

(32): Ver Cuatro tratados..., op. cit. p. 149. El lector asociará a Horus, que para los alquimistas sería La Piedra, con el principio del capítulo IV del Apocalipsis, donde el Juez supremo parecía semejante a la piedra de jaspe y a la de sardónice y estaba rodeado de veinticuatro tronos donde estaban sentados veinticuatro ancianos.

(33): El lector asociará este párrafo con algunas denominaciones egipcias de Isis, como Madre del sol, diosa de la Aurora y del crepúsculo (= el sol es vuestra producción magnífica).

(34): Ver El Mensaje Reencontrado, Ed. Sirio, Málaga 1987. Libro X, vers. 60’.

(35): Ver El Mensaje......, op. cit. Libro VIII, 46’.

(36): Uno de los nombres de Horus era Harpócrates, dios que se representaba con un dedo sobre la boca y que simbolizaba el secreto; por ello, para los alquimistas, La Piedra Filosofal era un secreto que tenían que guardar a toda costa y que había recibido nombres tan evocadores como piedra secreta de los Sabios o secreto de los secretos.

(37): Fables..., op. cit. p. 307. El lector recordará que Isis era la diosa del rocío.